CRISIS EN UCRANIA

Soldados rusos avanzan sobre Kiev, en medio del repudio al ataque a un hospital infantil

Las columnas de blindados de Rusia se hallan a unos quince kilómetros de la capital ucraniana, mientras el gobierno ucraniano y sus aliados culparon a la artillería rusa del ataque a una institución sanitaria pediátrica, aunque todos los heridos fueron mayores de edad.

Fuente: Télam

Los soldados rusos llegaron este miércoles hasta las proximidades de la capital ucraniana, Kiev, en medio de nuevos esfuerzos para evacuar a civiles de zonas urbanas asediadas como es el caso de Mariupol, en el sureste del país, donde un ataque contra un hospital pediátrico de la ciudad derivó en generalizados repudios.

Las columnas de blindados de Rusia, que hace cinco días se encontraban a unos cientos de kilómetros al noreste de Kiev, se hallaban este miércoles a unos quince kilómetros, consignó la agencia de noticias AFP.

Las sirenas antiaéreas sonaron de modo intermitente en la capital mientras el Ejército reforzó las defensas en localidades cercanas para intentar frenar el avance del convoy enviado por el Kremlin.

En Mariupol, al menos 17 adultos resultaron heridos en el bombardeo a un hospital pediátrico, anunció un responsable regional, Pavlo Kirilenko, y precisó que según los primeros reportes «no hay ningún niño» entre ellos ni ningún fallecido.

«Es atroz ver el uso bárbaro de la fuerza militar contra civiles inocentes en un país soberano», reaccionó la Casa Blanca, mientras el primer ministro británico, Boris Johnson, calificó este ataque de «inmoral».

La ONU, por su parte, pidió «el cese inmediato de los ataques a las instalaciones de salud, hospitales, trabajadores de la salud, ambulancias».

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, subió a redes sociales imágenes del hospital destruido en un mensaje en el que volvió a hacer público su enojo con la OTAN por negarse a declarar una zona de exclusión aérea sobre su país: «¿Cuánto tiempo más el mundo será cómplice ignorando el terror? ¡Cierren el cielo ahora mismo! ¡Basta de matanzas!».

Suenan las sirenas antiaéreas en la capital de Ucrania, y civiles buscan huir de otras ciudades
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La ciudad portuaria de Mariupol es el escenario de una de las situaciones más desesperantes desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, hace 14 días: los bombardeos destruyeron edificios y dejaron a su población sin agua, electricidad, calefacción, servicios telefónicos y de cloacas.

Autoridades locales dijeron que planeaban empezar a cavar fosas comunes para los muertos y la Cruz Roja informó que la gente derretía nieve o esperaba que lloviera para poder tomar agua.

Se estima que miles de personas, entre militares y civiles, fallecieron desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció el comienzo de la invasión con la meta declarada de proteger a ucranianos rusoparlantes del Gobierno de Kiev y de impedir que Ucrania ingrese a la OTAN, como quiere Estados Unidos.

El número real de víctimas es incierto, varía según lo informado por cada parte y crece a medida que se intensifican los combates.

La ONU dijo que tiene constancia de 516 fallecidos, entre los que figuran al menos 37 niños, informó la agencia de noticias Europa Press, en un balance que además da cuenta de 908 civiles heridos, 50 de ellos identificados como menores de edad.

Por otra parte, continúa el éxodo de ucranianos hacia países vecinos: según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, entre «2,1 millones y 2,2 millones» de personas partieron desde el 24 de febrero.

Rusia y Ucrania acordaron la apertura de corredores humanitarios por 12 horas para permitir la evacuación de civiles de varias zonas arrasadas por los bombardeos.

Estos corredores pautados van de Energodar hacia Zaporiyia (sur), de Izium a Lozova (este) y de Sumy a Polatava (noreste). También se abrirán rutas hacia Kiev desde zonas situadas al noroeste de la capital como Bucha, Irpin o Gostomel,.

La portavoz del ministerio ruso de Relaciones Exteriores, Maria Zajarova, admitió «progresos» en las negociaciones para «poner fin cuanto antes al baño de sangre insensato y a la resistencia de las fuerzas ucranianas».

En este contexto se producirá mañana en Turquía el encuentro del jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, y su homólogo ucraniano, Dmitri Kuleba.

Este último funcionario aseguró en un video en Facebook que hará todo para que las «conversaciones sean lo más eficaces posibles», aunque admitió que sus «expectativas son limitadas».

Es que mientras se producen estas conversaciones, los bombardeos continúan.

Al menos 10 personas murieron el martes en un ataque ruso contra la viviendas y edificios de la ciudad de Severodonetsk, en la provincia de Lugansk, en el este de Ucrania, informó el responsable de la región, Serguii Gaidai, en Telegram, sin dar más detalles.

En Kiev, las sirenas antiaéreas sonaban una vez tras otra, advirtiendo a la gente que corra a los refugios antibomba por temor a ataques inminentes.

Los bombardeos no tuvieron lugar y la gente recibió cada vez la señal de que ya podía dejar los refugios, pero las constantes alertas tenían en vilo a los residentes de la urbe, que había estado relativamente en calma en los últimos días en medio de fuertes ataques rusos y combates en localidades de su periferia norte.

En la central nuclear de Chernobil, el ente encargado de la electricidad, Ukrenergo, anunció que la alimentación del sitio estaba «completamente» cortada por las acciones militares rusas.

Moscú, por su parte, afirmó que fueron las fuerzas ucranianas las que atacaron la red eléctrica que abastece a la planta en la que ocurrió la catástrofe de 1986 y aseguró que fueron los expertos rusos quienes actuaron inmediatamente para cambiar a los generadores diesel de reserva.

Mientras aumentaban los temores por los efectos que podía generar esto, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OEIA) afirmó que este corte eléctrico no suponía «un gran impacto sobre la seguridad» de la central.

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