POLÍTICA

Radiografía del sindicalista más polémico: Luis Barrionuevo

Fiel representante del sindicalismo más cuestionado, el secretario general de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA), Luis Barrionuevo, forjó una carrera política y gremial plagada de polémicas y ahora podría convertirse en un actor clave en la «custodia» de los votos del candidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei.

Fuente: Noticias Argentinas
barrionuevo

Previo a su introducción en el mundo gremial, el hombre nacido en Catamarca en 1942 y miembro de una numerosa familia supo ganarse la vida en distintos oficios: monaguillo, lavacopas, cadete, peón de albañil, verdulero, cafetero y hasta conserje de un hotel alojamiento.

El momento bisagra en su vida llegaría cuando entró a trabajar en la seccional San Martín de la Asociación Obrera Textil (AOT) y pudo acercarse a su secretario general, Casildo Herrera: algunas versiones señalan que ofició como «culata», una suerte de custodio.

Con el padrinazgo de quien años más tarde sería líder de la CGT, Barrionuevo llegó hasta la Secretaría General de la seccional San Martín de los gastronómicos, dando inicio a su «currículum» sindical (y con poco apego a los procesos estatutarios): luego de que en 1971 la por entonces UTGRA a nivel nacional, liderada por Ramón Elorza, interviniera la seccional y designara a cargo a Cayetano Timpanaro, el catamarqueño ganó las elecciones allí, pero luego fue desplazado y en 1975, apelando a la fuerza, decidió copar a punta de pistola la sede nacional para tratar de remover a las autoridades.

La «aventura» terminó rápido, ya que la Justicia lo obligó a devolver el cargo 48 horas después y terminó sancionado por el Consejo Directivo de la UTGRA.

En julio de 1977, ya en plena dictadura militar, el Ministerio de Trabajo intervino a la Seccional y lo intimó a acatar las medidas disciplinarias, aunque dos años después el delegado del Gobierno de facto, Carlos Manuel Valladares, le devolvió el cargo.

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La recuperación de la democracia, con la llegada de Raúl Alfonsín a la Presidencia, hizo que Barrionuevo creara un fuerte y cercano vínculo con el histórico operador Enrique «Coti» Nosiglia.

Por esos años logró convertirse en secretario general del sindicato de gastronómicos, puesto que aún mantiene.

A fines de los 80, el catamarqueño apostó fuerte por la candidatura de otro peronista surgido de la Cordillera: el riojano Carlos Menem. El sindicalista puso un millón de dólares para financiar la campaña, plata que afirmó sólo haber acercado ya que -según él- pertenecía a empresarios del sector gastronómico.

En octubre de 1989, en medio de un congreso de la CGT, barras de Chacarita a la orden de Barrionuevo protagonizaron una violenta batalla campal contra militantes alineados con el recordado secretario general de la central obrera Saúl Ubaldini.

Aquel episodio sería el inicio de una serie de frases políticamente incorrectas que marcarían su vida pública: «No estamos eligiendo a la cúpula de la Iglesia, así que hubo algunos sopapos».

El apoyo económico a la postulación del riojano luego fue recompensado por el patilludo mandatario: primero lo designó interventor en el Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS) y después lo puso al frente de la Administración Nacional del Seguro de Salud (ANSSAL).

Algunas irregularidades en la función pública lo obligaron a alejarse de ese organismo y apareció nuevamente su faceta «filosófica», con otra recordada frase: «Nadie hace la plata trabajando».

Por si esas palabras no habían sido resonantes, tiempo después pronunció tal vez la más destacada: «Tenemos que tratar de no robar por lo menos dos años en este país».

Mientras se mantenía como líder de los gastronómicos, Barrionuevo decidió en 1993 agregar -o, mejor dicho, oficializar- el rol de dirigente deportivo: ese año ganó las elecciones de su querido Chacarita Juniors: estuvo al mando del Funebrero hasta 2005.

En lo deportivo, sus mayores logros fueron el subcampeonato de la B Nacional en la temporada 98-99 y el ascenso logrado en esa ocasión, que le permitió jugar en Primera: la alegría duró hasta 2004, cuando el cuadro tricolor perdió la categoría.

Pero, además, Barrionuevo pudo tener (o ratificar) a la temida barra brava funebrera como fuerza de choque para eventos sindicales o políticos.

En medio de su gestión como presidente de Chacarita, el sindicalista fue acusado en el 2000 de haber liderado «negocios espurios» con prestadoras de salud vinculadas al PAMI y a su viejo amigo Nosiglia.

Sin embargo, como siempre pudo esquivar los conflictos y las acusaciones y un año después, en las elecciones legislativas, obtuvo la banca por la minoría en el Senado en representación de Catamarca.

Otro momento memorable de su carrera política ocurrió dos años después, en 2003, cuando intentó por primera vez competir por la Gobernación de su provincia natal.

El 5 de enero de ese año el PJ catamarqueño realizó elecciones internas para definir a su candidato: la disputa fue entre Barrionuevo, alineado con el entonces presidente interino Eduardo Duhalde, y el diputado nacional Ramón Saadi, quien era respaldado por Menem para volver a gobernar la provincia (ya lo había hecho en los períodos 1983-1987 y 1988-1991).

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Barrionuevo, el eterno aspirante a gobernador de Catamarca que nunca pudo ganar en su provincia natal. Foto: Archivo NA.

Aunque en las urnas el ganador fue el referente sindical, la Justicia electoral rechazó su candidatura porque no había acreditado los cuatro años de residencia en la provincia.

Por ese motivo, el día de las elecciones el PJ competía representado por su hermana, Liliana Barrionuevo, y en medio de la jornada los comicios debieron suspenderse cuando seguidores del sindicalista generaron los recordados incidentes en que se incendiaron urnas.

Aquellos sucesos llevaron a que estuviera en riesgo su banca en el Senado: la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta, en aquel momento en manos de Cristina Kirchner, pidió la expulsión del catamarqueño por «desorden de conducta e inhabilidad moral», al considerarlo responsable de la quema de urnas en la provincia cordillerana.

Pero, nuevamente, Barrionuevo pudo zafar y en el recinto no se pudieron conseguir los votos necesarios para removerlo del cargo.

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Pese a la quema de urnas en Catamarca, Barrionuevo logró esquivar el intento de expulsión en el Senado. Foto: Archivo NA/Damián Dopacio.

Días después, el 17 de abril, la propia Cristina Kirchner viajó a Catamarca y durante un acto fue atacada por seguidores del sindicalista, quienes le arrojaron huevos.

En 2005, nuevamente lideró una boleta en su provincia y se postuló como candidato a diputado nacional: pese a quedar en el tercer lugar, obtuvo una banca en la Cámara baja del Congreso.

Desde allí, nuevamente trataría de conseguir peso político para conquistar su sueño de ser gobernador de su provincia natal.

Las elecciones de 2007 fueron otra oportunidad para tratar de lograr esa meta, pero nuevamente el pueblo catamarqueño le dio la espalda y respaldó al entonces gobernador, el radical Eduardo Brizuela del Moral.

Ante ese nuevo fracaso electoral, Barrionuevo quiso desplazar al entonces secretario general de la CGT, el camionero Hugo Moyano: ante la imposibilidad de lograrlo, decidió abrirse en 2008 y autodenominarse titular de la CGT Azul y Blanca.

El 2013 volvió a verlo tropezar en las urnas catamarqueñas de manera contundente: compitió por una banca de diputado nacional, quedó tercero y no logró llegar nuevamente al Congreso.

Al año siguiente, volvió a quedar en medio de una polémica al advertir sobre la posibilidad de un «estallido» en el país, dichos por los cuales debió acudir a brindar explicaciones a la Justicia.

Con la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, Barrionuevo limó asperezas con Moyano y otros dirigentes de la CGT y en la reunificación designó en representación de su sector a Carlos Acuña como integrante del triunvirato que también formaban Héctor Daer y Juan Carlos Schmid.

El gastronómico fue crítico de la gestión de Cambiemos, pero no dudó en participar en varias ocasiones de distintos actos realizados por el Gobierno, así como también mantuvo reuniones y conversaciones telefónicas con el entonces mandatario.

En 2018, la jueza federal María Romilda Servini intervino el PJ y designó al sindicalista como interventor, rol en el que estuvo acompañado por Julio Bárbaro y Carlos Campolongo.

Enemistado profundamente con Cristina Kirchner, el catamarqueño redobló a partir de 2019 sus cuestionamientos hacia el kirchnerismo e intentó otra vez meterse en la pelea por la Gobernación de su provincia natal: no pudo ser elegido como candidato al Ejecutivo local y apenas pudo postularse para diputado nacional, pero de nuevo la gente le dio la espalda a la hora de votar.

Ahora y pese a haberse inclinado en un principio por la figura del camporista Eduardo Wado de Pedro, Barrionuevo busca ganar injerencia en el entorno del candidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei, con quien se reunió días atrás para -supuestamente- hablar sobre el escenario laboral y los cambios que podrían llevarse a cabo en materia legislativa.

Detrás de ese encuentro, estaba la necesidad del libertario por conseguir alguien que le cuide los votos el domingo de las elecciones generales -por más que Barrionuevo represente a la cuestionada «casta» sindical- y el ADN del catamarqueño por mantenerse en el poder, especialmente cuando su ex cuñado y líder de los gastronómicos porteños, Dante Camaño, aspira a serrucharle el piso y quedarse con el gremio a nivel nacional.

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