ESCRIBE DARÍO LOPÉRFIDO

Los errores engendran desestabilizadores

El gobierno de Milei tiene una obsesión con la economía que es lógica dada la calamitosa herencia dejada por el peronismo. Sería deseable que bajara la inflación y que empezaran a verse signos de reactivación pronto, porque la caída de la actividad económica hace que muchos argentinos lo estén pasando pésimamente. La comprensión de muchos ciudadanos frente al momento actual parte de una sola premisa: la mayoría de la gente sabe que la herencia económica recibida por este gobierno es una calamidad.

Fuente: Noticias Argentinas
loperfido

Lo que no debe hacer el gobierno es inventarse problemas en otras áreas que distraigan del principal objetivo. Este gobierno tiene un problema de recursos humanos enorme y eso lo lleva a cometer errores que le crean frentes en contra, dando lugar a que renazcan miembros conspicuos a los que Milei denominó, tiempo atrás, “la casta”. Por supuesto que algunos miembros de la casta han sobrevivido por acción de este gobierno: Scioli o Lijo son algunos de los horrores…perdón, errores autoinfligidos.

La mala praxis de gestión puede hacer que sobrevivan personajes que deberían estar olvidados y que odian el programa de reformas del Presidente. En esos asuntos es donde el gobierno debe tratar de achicar los márgenes de error y no darles espacio, ya que la intención de muchos es desestabilizar al gobierno y poner a salvo corporaciones que solo trabajan para hacer ricos a sus miembros y conservar el poder mediante sistemas mafiosos.

El error comunicacional del gobierno en el tema Universidades fue claro. Nadie del gobierno había anunciado que pretendían cerrar las universidades públicas y, sin embargo, la oposición instaló ese tema y la convocatoria se ancló en la defensa de algo que ni siquiera estaba siendo atacado.

Un error comunicacional digno de amateurs de parte del gobierno provocó una marcha masiva de jóvenes, que al igual que todos los argentinos, deben siempre gozar de libertad de expresión. La falta de manejo del gobierno provocó torpezas tales como la de anunciar que ya había transferido el dinero correspondiente a las casas de estudio cuando la marcha ya estaba convocada y organizada, y nadie podía enterarse del hecho. Tarde y mal.

El tema es que cada uno de estos errores provoca los intentos de resurrección de algunos personajes y provoca que otros perciban la debilidad. Mientras toda la Argentina hablaba de la marcha, seguía tratándose la Ley Bases y el peronista Miguel Ángel Pichetto logró que se eliminara el artículo 98, el cual fijaba penas de prisión a quienes bloqueasen empresas. La casta en su esplendor:

Pichetto dejó de fingir que era normal y volvió a defender los intereses de Moyano y la CGT. La imprescindible reforma laboral ya quedó completamente lavada por acción de los que representan lo más rancio de la casta. El gobierno debe entender que sus buenas ideas deben contar con un gran respaldo y entender, también, que dejarse ayudar por los buenos es mucho más conveniente que la estrategia de poner cara de malo mientras “la casta” renace y detiene las reformas.

Gente como Lousteau, Yacobitti, Larreta, Pichetto, los sindicalistas, la Cámpora, los jefes de empresas públicas, los empresarios prebendarios, entre muchos otros, tenían un solo plan después de las PASO: que Massa fuera presidente. Derrotado Larreta en esas elecciones, necesitaban que Massa ganara para conservar privilegios y negocios turbios. El plan les salió mal, pero eso no quiere decir que lo hayan abandonado. Odian el plan de reformas de Milei y van a hacer lo imposible para debilitarlo. No ver eso es no entender como ha funcionado la política en la Argentina en los últimos años. Ellos quieren frenar las cosas buenas que plantea el gobierno y quieren dar vuelta la agenda liberal que se impuso en los últimos años para volver al auge del progre-peronismo, que se traduce en negocios y poder permanente de lo peor de la Argentina.

Avisar al gobierno de los errores es defenderlo. En palabras del gran maestro Jorge Luis Borges, muchos argentinos votaron a este gobierno bajo la consigna de “no nos une el amor sino el espanto”. Nunca hay que perder eso de vista, ni subestimar a los representantes del espanto. Muchos estaban en la marcha del otro día y muchos están en el Congreso morigerando reformas. El gobierno necesita aliados en la buena política y en la ciudadanía. Los representantes del espanto tienen el poder del dinero y de los aparatos. Además, se ayudan entre ellos.

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