La historia de Miguel y Nora, la pareja de nudistas que enseña a disfrutar de pasear sin ropas por su campo

Miguel y Nora tienen su emprendimiento de turismo «al desnudo» en un campo de 1200 hectáreas en Córdoba, donde la gente va para encontrarse con la naturaleza.

Fuente: infobae
Sociedad
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Miguel y Nora adoptaron el nudismo como estilo de vida en diferentes momentos, pero siendo pareja están al frente de un emprendimiento de turismo en las sierras de Córdoba donde el público viaja a reencontrarse con la naturaleza de piel a piel. Antes de reservar un lugar, más de una persona tiene preguntas picantes, desde cómo evitar tener una erección hasta cuáles son los límites aceptables para la convivencia.

«Cuando me preguntan si se puede tener sexo en público la respuesta es obvia», explicó Miguel al sitio Infobae.

«El sexo queda para el ámbito privado: la carpa, el dormitorio o algún lugarcito dentro de 1200 hectáreas vas a encontrar, pero tiene que ser un lugar escondido, el sexo en público no está permitido», sentenció.

Las reglas básicas de convivencia, desde la higiene personal hasta las interacciones respetuosas, se sobreentienden. Pero Miguel recibe consultas del estilo de «¿qué pasa si tengo una erección?» de parte de personas que nunca han visitado su predio en las sierras de Córdoba, ni ningún otro punto de turismo nudista como playas o quintas.

Desde su perspectiva, Miguel aseguró que es muy difícil que eso ocurra porque «es mucho menos excitante ver a una mujer totalmente desnuda que verla en una micro bikini, donde quedan cosas libradas a la imaginación».

«Pero si ocurriera es algo natural, la erección en sí misma no tiene nada de malo. Lo que tendría de malo es que ese hombre se la pasara haciendo ostentación de su erección paseando entre todos. Si te ocurre te tenés que retirar a un lugar apartado hasta que se te pase», aclaró.

Tampoco existe la «exhibición de cuerpos perfectos» que el público cree que hay en el turismo nudista. En cambio, él aseguró que en el nudismo en general no es una competencia de atributos físicos.

«Entre los nudistas nos miramos a los ojos cuando hablamos, esa es una forma de respetarnos. Uno puede hacer una broma para descontracturar y se la festejamos, pero sobre su propio cuerpo, no sobre el cuerpo de otro», señaló.

Miguel, de 65 años, es nudista desde un viaje que hizo en familia a Buzios en 2000. Con el tiempo conoció a Nora, de 50, que es nudista desde que tiene 25.

Para ese entonces el hombre había dejado la ingeniería para inaugurar su reserva en Córdoba, «Yatan Rumi», donde incentiva el turismo al natural.

Apenas llegan los huéspedes tienen un período de «adaptación» de media hora en la que pueden registrar cómo se sienten estando al desnudo frente a otras personas. Pasado ese tiempo tienen que tomar la decisión: sacarse la ropa o retirarse.

La única prenda que está permitida es la bombacha en caso de menstruación.

Cuando toda la concurrencia está en igualdad de condiciones ocurre que quienes esperaban una experiencia enfocada en lo sexual se encuentran en realidad con un público variado, que incluye a familias con menores, a parejas heterosexuales y homosexuales y a viajeros solitarios.

Otras reglas «de oro» del establecimiento son la prohibición de sacar fotos a personas sin su consentimiento y la de no invadir con preguntas sobre la vida afuera de la reserva porque la mayoría de la concurrencia prefiere que nadie en el ámbito laboral o académico se entere de sus andanzas al natural.

Tampoco se puede llevar parlantes porque el objetivo del viaje es disfrutar del sonido de la naturaleza.

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