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Estudiantes coparon Palermo en el regreso de los festejos por la primavera

Con picnics improvisados y mucho entusiasmo, grupos de adolescentes volvieron a elegir la zona de los Lagos para celebrar sus día tras dos años de suspensiones por la pandemia.

Fuente: Télam
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Grupos de estudiantes festejaron su día y el comienzo de la primavera en los lagos de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, donde improvisaron picnics durante una jornada de clima cambiante y ambiente distendido, sin barbijos ni restricciones derivadas de la pandemia de coronavirus.

En una jornada fresca y ventosa, cientos de estudiantes desplegaron mantas sobre el césped e improvisaron picnics alrededor de los lagos para compartir el tradicional festejo de su día, en el que muchos de ellos conocieron Palermo por primera vez.

«Por primera vez estamos juntos para festejar el día del estudiante y ver cómo era acá», dijo a Télam Elizabeth, de 16 años, quien llegó junto a sus compañeros de la escuela Héroes de Malvinas, del partido bonaerense de San Miguel, tras un viaje de dos horas hasta Palermo.

De este modo, chicos y chicas distribuyeron sánguches, papas fritas, bizcochuelos caseros, gaseosas y mates en el centro de una ronda, mientras varios de ellos sacaron mazos de cartas y se pusieron a jugar.

Entre ellos, cinco chicas de 17 años del colegio San Pedro, del barrio porteño de Monte Castro, eligieron acercarse por primera vez a Palermo para «pasar el día al aire libre y pasear en los botecitos».

«Trajimos de todo para comer: sanguchitos, medialunas, chipá y mate», dijo Kaila, para quien la pandemia «ya pasó y ahora es como una gripe».

«Usamos barbijos en el transporte, pero en el colegio y lugares como el boliche ya no, porque es incómodo», sostuvo, en coincidencia con el anuncio del Ministerio de Salud de declarar no obligatorio el uso de tapabocas, publicado hoy en el Boletín Oficial.

Asimismo, un grupo de estudiantes de Medicina de la Universidad de La Matanza (Unlam), señalaron que si bien durante el 2020 no se juntaron debido a la pandemia, el año pasado retomaron los festejos.

En tanto, muchos de los adolescentes llegaron al parque de Palermo desde distintos puntos del conurbano, como General San Martín, La Matanza, Presidente Derqui, Ramos Mejía y Morón, desde donde tienen entre una y dos horas de viaje.

Un grupo de estudiantes del colegio Nuestra Señora de Fátima, de Lomas del Mirador, en la zona oeste del conurbano, contaron que viajaron «más o menos una hora y media» desde su localidad porque «es un lugar tradicional y además acá hay un lago».

Y coincidieron en que, si bien no usaban el barbijo la mayor parte del tiempo, «los seguimos llevando en la mochila, más que nada si lo piden o por cuidado en el transporte, hoy por ejemplo nos pidieron el barbijo en el colectivo», dijo Alex, de 17 años.

Luego de un mediodía nublado, el cielo comenzó a despejarse por la tarde y llegaron más adolescentes y jóvenes con ramos de flores, mochilas repletas de viandas, varios termos de mate y parlantes en los que sonaba música pop y reguetón.

«Teníamos ganas de hacer algo para arrancar la primavera, porque me parece la estación más linda. Hay mucho amor en el aire en la primavera y cambia la energía, la gente está contenta y se nota, si venís a este parque en invierno es otra onda. Hoy están todos con sonrisas», manifestó Ludmila, de 17 años, que llegó al parque con tres compañeras más del colegio ORT, sede Montañeses.

Las amigas también contaron que, si bien empezaron a venir «bastante seguido, sobre todo en la pandemia, después dejamos de venir bastante».

Y coincidieron en que esperaban más grupos de estudiantes en el parque: «está tranquilo, pensamos que iba a estar explotado de gente».

Al respecto, Lourdes opinó que «después de la pandemia empezó de nuevo la onda de ir a lugares a comer, que antes se habían perdido, y ahora de vuelta los chicos van más a lugares para comer, mientras que antes quizás elegían un parque».

Otro de los atractivos de la jornada fueron las pequeñas crías de los gansos que viven en los lagos, que se acercaban en grupos familiares a los estudiantes para que les arrojen pan y galletas, mientras los jóvenes les sacaban fotos.

Finalmente, un grupo con unos diez estudiantes de quinto año de la escuela «número 53» de Villa Ballester, se ubicó cerca de uno de los lagos para compartir un almuerzo.

«Nos vamos a quedar hasta que se vaya el sol, porque después hace frío», contó Wendy, de 16 años.

Los estudiantes transformaron este miércoles el paisaje del tradicional lugar de encuentro para recibir la primavera, en el que no faltaron los habituales vendedores de globos, helado y garrapiñada, junto a los corredores o paseadores de perros y deportistas.

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