MÚSICA

El Indio Solari cumple 74 años: el homenaje de sus seguidores en las redes sociales

Nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, al Indio Solari se lo puede considerar como un platense más ya que vivió desde muy chico en la ciudad de las diagonales. Al terminar el secundario, ingresó al instituto de Bellas Artes, en el que aprobó algunas materias pero fue expulsado un año más tarde. Tres décadas después, contestaría en una entrevista para la revista de rock La García: “En esa época lo más importante era la rebeldía”.

Fuente: infobae
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Junto a Skay Beilinson y La Negra Poli fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, uno de los grupos más importantes del país. Con ellos editó los discos Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989), La mosca y la sopa (1991), Lobo suelto / Cordero atado (1993), Luzbelito (1996), Último Bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000).

En “Recuerdos que mienten un poco”, el libro de sus memorias, en compañía del escritor y periodista Marcelo Figueras -quien opera como sútil narrador apenas externo-, plasmó en 862 páginas su vida, obra y circunstancias. Allí, entre otras cosas, Allí, entre otras cosas, decide mostrarse como alguien a quien le tocó en suerte el favor de una veneración incondicional por parte de millones de personas. “Yo tengo la suerte de que el público de Los Redondos haya proyectado sobre mí ciertas destrezas o aptitudes. Ha pretendido de mí cosas -con respecto a la honestidad, por ejemplo- que, si yo tuviese que reivindicar en un examen, probablemente no aprobaría. ¿Qué pruebas tienen? Son necesidades de la gente, que precisa de algún muñeco que se calce ese chaleco. La ventaja que tiene eso es que te da permiso para ser mejor. Cuando la gente te da ese permiso y no lo aprovechás, sos un boludo. No cuesta tanto ser honesto cuando hay tanta gente a favor de que lo seas”.

“A veces me parece que lo mejor sería irse de acá sin levantar polvareda. Uno no debería competir nunca con el personaje, al menos mientras el personaje está vivo”, le dice a Figueras en el tramo final del libro. Doblando el codo de su vida, igualmente se reserva el derecho de pensarse como alguien que pasó (pasa) por este mundo para dejar una huella intelectual. Nada de liviandades. Por eso una de sus últimas (inspiradas) sentencias. “No se confundan. Aun cansado y enfermo, yo no soy un artista dedicado al entretenimiento”.

Con la cantidad de seguidores que tiene tanto dentro como fuera del mundo virtual y ante la ausencia de shows por su delicado estado de salud, no era de extrañar que a través de las redes sociales se vuelquen a dejarle mensajes, agradecimientos y recuerdos, para que queden a la vista de todos y se inmortalicen. Desde fotos retro hasta memes, todo el cariño para un músico que dejó huella en la escena nacional.

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