ARTE

El cuerpo explora y palpita en el Museo de Arte Moderno en tres muestras que dialogan entre sí

Se trata de dos nuevas exposiciones colectivas del programa «Un día en la Tierra», donde el cuerpo irrumpe como centro de una línea curatorial que como eco distante dialogan con una tercera muestra, «Baile fantástico», conformada por retratos del artista Cartón Pintado.

Fuente: Télam
gambas al ajillo

La tierra y la pandemia dejan un espacio fértil para el diálogo entre obras de la colección del Museo Moderno de Buenos Aires y artistas contemporáneos invitados que confluyen en «Cuerpos contacto» y «Cuerpos mutantes», dos nuevas exposiciones colectivas del programa «Un día en la Tierra», donde el cuerpo irrumpe como centro de una línea curatorial que como eco distante dialogan con una tercera muestra, «Baile fantástico», conformada por los retratos del artista Cartón Pintado.

En total, son cinco exposiciones que integran el segundo episodio del programa anual «Un día» y se ubican en las salas del primer piso del edificio del barrio de San Telmo, compartiendo espacios con el arte abstracto. Además de las mencionadas, se aloja allí «Sintomario» de Florencia Rodríguez Giles con curaduría del artista Osías Yanov y los dibujos de la Chola Poblete reunidos en «Ejercicios del llanto».

«En el primer piso del museo hay exposiciones que indagan y profundizan en relación al cuerpo. En abril inauguró ´Vida abstracta` que permite pensar la relación entre la abstracción y la vida en relación al cuerpo, y las exposiciones ‘Cuerpos contacto’ y ‘Cuerpos mutantes’ permiten pensar el lugar clave que ha tenido el cuerpo y poner en valor el patrimonio del museo», destaca a Télam el curador Francisco Lemus.

Investigador especializado en las manifestaciones artísticas de las década de 1990 en Buenos Aires, es curador asociado y comparte la curaduría de ambas muestras centradas en el cuerpo junto a Marcos Krämer, Clarisa Appendino y Violeta González Santos. El equipo investigó y observó el acervo patrimonial del museo para concebir las exposiciones, pero también tuvieron en cuenta lo «que está sucediendo en la escena del arte».

La «diferencia estructural», según plantea la directora de la institución, Victoria Noorthoorn, se da en «Cuerpos contacto», donde se recupera a los artistas históricos de los 60 y sus reivindicaciones llegando hasta Sergio De Loof, mientras que la otra sala está dedicada a los artistas más jóvenes «creando un diálogo contemporáneo sobre dónde estamos situados, cómo podemos pensar un cuerpo diferente y otra manera de mirarlo».

Precisamente, las exhibiciones establecen un diálogo con obras del patrimonio junto a artistas invitados de gran trayectoria, y a su vez rinden varios homenajes, como el dedicado a De Loof (1962-2020) fallecido luego del montaje de su retrospectiva en el museo, y al artista visual y diseñador Juan Stoppani (1935-2022).

«Queríamos rendir homenaje y poner en valor las 82 obras donadas por la familia de De Loof y a su vez pensar sobre cómo la sociedad generó formas de encuentro, de contacto a lo largo de distintas décadas que están atravesadas por el movimiento de liberación sexual, la libertad, las luchas por la igualdad y la creatividad colectiva», señala Lemus.

Enfocado en «la idea de cuerpo-contacto y en cómo se fue reformulando el arte a través del cuerpo pero también a través de las libertades cívicas, entre finales de 1980 y principios de 1990, De Loof generó formas de lo social inéditas para Buenos Aires» con espacios emblemáticos como el bar Bolivia, Ave Porco o El Dorado, «lugares donde el hacer era colectivo de fiestas o boliches, obras de teatro y desfiles de moda».

«Lo interesante de Sergio además de mezclar gente de diferentes trayectorias, identidades, clases, es lo artesanal, el hacer arte con nada, y eso está muy presente en su obra y lo vemos en artistas contemporáneos que forman parte de ambas muestras, pero también en la exposición de Cartón Pintado», explica Lemus.

Planteada desde distintos núcleos que dan cuenta de la historia y sus exponentes, el recorrido comienza en «La noche» con foco en el arte, diseño y la vida nocturna. Otro foco es «La ciudad pop», que toma esa «efervescencia estética, sexual y política» con artistas como Marta Minujín, Dalia Puzzovio, Delia Cancela, Pablo Mesejean, Edgardo Giménez, Stopani y David Lamelas, quienes sentaron las bases de otra forma de respuesta cultural, que se continúa en otros cruces estéticos y posicionamientos de vida reflejados en el resto del conjunto.

Así, «Performance y visibilidad», «Teatro y desborde» con una foto de Batato Barea vestido por Jorge Gumier Maier, «Teatro y dolor» con La Organización Negra en los 90; «Música y estados de ánimo» con la gran imagen «Virus, 1985/2022» de Roberto Jacoby, o «VIH supervivencia», con fotografías de Alejandro Kuropatwa de la serie Cóctel, se muestran en la espaciosa sala.

«Fuimos generando llaves conceptuales, temáticas. Tenemos un núcleo de obras dedicado a pensar la ciudad pop donde hay trajes, gráfica que forma parte del Museo, también núcleos vinculados al teatro y su relación con el dolor como en el caso de la Organización negra o teatro y desborde pensando en grupos como las Gambas al ajillo, Emeterio Cerro con Elba Bairon, que extendieron y desbordaron el límite y la práctica teatral una vez que volvió la democracia», explica Lemus. Y agrega: «También hay un núcleo muy importante, ‘Performance y visibilidad’, dedicado a poner en valor la obra del joven artista Rodolfo Bulacio de Tucumán, que fue una presencia muy vital siendo estudiante en esa escena del arte contemporáneo incipiente que se generó en Tucumán, muy potente entre los 80 y 90, y que sigue siendo potente al día de hoy».

Otro núcleo es «Cuerpos públicos y cuerpos privados» con fotografías de Alicia D´Amico, el video «Legítima defensa» (1980) de Marie Louise Alemann, pionera del cine experimental, así como Liliana Maresca (1951-1994) con «Maresca se entrega a todo destino» (1993) con fotos de Kuropatwa, que está «atravesado por la mujer, por los diferentes cruces entre el cuerpo y los feminismo en los espacios de encuentro, la conquista de espacios íntimos pero también de espacios públicos», define Lemus.

Concebida desde lo escultórico y lo lumínico, en «Cuerpos mutantes» es clave «pensar cómo la pandemia puso en primer plano el cuerpo, las transformaciones del cuerpo, nuestra relación con la salud, la tecnología y nos permitió ser conscientes de las relaciones con otros seres vivos», como con el virus que desde 2020, «puso en suspenso nuestra cotidianidad», a la vez que destaca que «la pandemia volvió a poner la lupa sobre la crisis climática».

En «Cuerpos mutantes» se puede apreciar el video de la bailarina Ana Kamin (1971) dirigido por Marcelo Epstein que desdibuja los gestos del cuerpo humano, o «Canciones napolitanas (1971) de Narcisa Hirsch, donde una boca de una mujer en primer plano que come un hígado mientras se escuchan canciones románticas. La obra dialoga con «Inflation» de Diego Bianchi y sus cuerpos desbordados, mientras que la fragmentación está en juego con «Engendro 72» de Alberto Heredia. En otra línea, «Astroseres» de Raquel Forner es vinculada con Mauro Guzmán, y Marina Daiez y sus seres fantásticos.

Sin embargo, las mutaciones se continúan en las obras de «Cartón Pintado» (Mariano Altamirano, 1988) quien cuenta: «mi trabajo con la pintura empieza hace mucho y no siempre pinté sobre cartones, pero el cartón me dio una solución muy específica en un momento muy importante de mi vida. Lo encuentro, lo llevo a mi casa, lo pinto y después según el día plasmo una imagen que por lo general son figuras, autorretratos, pero en los que no existo». Sobre sus obras, dice, tratan de «sensaciones, vivencias, sentimientos, son relaciones con la humanidad, con conductas que veo», para obras recientes que lleva varios años trabajando, porque «por lo general siguen viviendo y recibiendo material a medida que sigo viviendo otras cosas».

«El soporte de sus obras son las cajas de cartón que recolecta y encuentra en la calle, y esa base deviene en cualidad particular, un modo de aprehensión, de conectarse con la materia, y dan sentido a su apodo, como un alter ego que no es un personaje sino la propia materialidad de su obra, con imágenes se van creando por capas», explica Appendino, una de las curadoras.

«Hay como una urgencia en esa representación que está dada por los trazos, diferentes materiales porque hay óleo, acrílico, pastel o esas texturas, o otros materiales reciclados. Toda su materialidad trata sobre su vivencia y su modo de transitar y circular la ciudad -explica la curadora- Este ´Baile fantástico´ pone a danzar, a relacionar con los personajes presentes, con esos otros mundos que inauguran las exposiciones ‘Cuerpos contacto’ y ‘Cuerpos mutantes'».

Con el diseño expositivo de Iván Rosler, las muestras pueden visitarse hasta fines de febrero en Avenida San Juan 350, Ciudad de Buenos Aires.

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