POR GRUPO CALLAO

El camino de la reconstrucción: una agenda de trabajo y producción, el futuro que podemos construir

Luego del anuncio del acuerdo con el FMI, al que calificaron de «indispensable», los miembros del Grupo Callao realizaron un repaso de los dos años de gobierno y trazaron las perspectivas hacia, al menos, dos años más.

Fuente: Télam

La reconstrucción argentina está en marcha. Tiene un rumbo. Tiene en su haber dos años de un gobierno activo frente a las diversas crisis, que con sus acciones evitó daños y preservó capacidades.

Esta reconstrucción tiene por delante al menos dos años en los que veremos resultados concretos, como los que ya se observan en términos de crecimiento, recuperación del empleo y mejora de las exportaciones.

Hacia atrás, están claras las consecuencias del endeudamiento y la contracción económica producto de las devaluaciones y el ajuste. También está claro el impacto de la pandemia, en vidas humanas, en términos de pérdida de producción y empleo y, muy especialmente, en todos y cada uno de los órdenes de la vida cotidiana de las familias.

El Gobierno logró movilizar vacunas y otros recursos que evitaron el colapso del sistema de salud. Ante la doble recesión (la de Macri y la de la pandemia) se desplegó un conjunto de medidas cuyo efecto positivo hoy puede verse con claridad en los principales indicadores económicos, en la industria, el turismo, la construcción, la obra pública y el agro.

Las líneas estratégicas definidas por el presidente Alberto Fernández nos permitieron consolidar una agenda con eje en la recuperación del empleo y la producción.

Las políticas generadas durante la pandemia hoy nos permiten desplegar una política industrial, entendida en sentido amplio, donde todas las actividades tienen un rol y aportan a la recuperación del empleo.

Esta política industrial está asociada también a la identificación de un conjunto de sectores que permitirán ir completando y ampliando la matriz productiva argentina y así potenciar el desarrollo del país.

La unidad de quienes creemos en una Argentina de producción y trabajo es clave.

Confiamos en los actores socioeconómicos que integran el tejido vital de la Argentina para afianzar la alianza social para el desarrollo que necesitamos: gobernadores y gobernadoras, intendentes e intendentas, sindicatos, movimientos sociales, cámaras empresarias, pymes, universidades, organismos de derechos humanos y todos los espacios que integran el Frente de Todos, con el peronismo como columna vertebral.

Sabemos del malestar en la sociedad porque somos parte de ella: la inflación desvaloriza el esfuerzo del ahorro, imposibilita la planificación y reduce al salario; la calidad educativa se ha vuelto despareja y perdió la condición de garantía para una sociedad más integrada donde todos cuentan con las mismas herramientas; las tensiones en el mercado de cambios; la inseguridad que arruina vidas, daña el bienestar cotidiano y le imprime incertidumbre y miedo a las acciones más simples de nuestras vidas.

Estos y otros desafíos deben ser resueltos. Ninguno de estos problemas se soluciona mágicamente, menos aun cuando incluso en el pasado, en contextos más propicios, resultara tan difícil avanzar.

Requiere del rumbo definido que ha marcado nuestro Presidente y una acumulación de fuerzas que trascienda los límites de la polarización.

No se trata de aprovechar la coyuntura para ampliar las acciones que caracterizan a uno de los extremos del péndulo. Se trata de superar la recurrente restricción externa, salir del laberinto de la inflación (y sus causas múltiples), una inflación que ahora no solo se ve alentada por cuestiones internas sino también por un contexto internacional donde el aumento en el precio de los alimentos y los insumos básicos impone un deterioro general de los ingresos.

Para avanzar siempre es necesario cerrar los capítulos pendientes y abrir nuevas etapas. Y para cerrar el capítulo del endeudamiento irresponsable y consolidar esta etapa de desarrollo e inclusión social, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que anunció nuestro Presidente es indispensable.

Se trata de un acuerdo que no condiciona las bases sobre las cuales construir nuestro futuro, ni impone reformas que alteran el contrato social que garantiza un Estado presente.

Esto no significa que ignoremos las implicancias de tener un acuerdo con el FMI; jamás nuestra fuerza política hubiese propiciado un acuerdo de este tipo. Nos toca, una vez más, solucionar problemas generados por políticas equivocadas que, lamentablemente, ya han producido endeudamiento y pobreza. Son temas que no se resuelven de un plumazo o con una sola acción de gobierno.

El acuerdo no es un fin en sí mismo.

El acuerdo alcanzado tiene las características de ser un medio para tener el tiempo necesario para desplegar toda nuestra capacidad productiva, para seguir creciendo y estabilizar la economía, para incluir a todas y todos, con políticas públicas que den cuenta de la heterogeneidad social y laboral que caracteriza a la Argentina. Pero no podemos dejar de remarcar las características de este entendimiento que ha logrado el Presidente tras una férrea negociación: 1) alivio financiero en los próximos años; 2) exclusión de las clásicas reformas neoliberales que reducían derechos a los trabajadores y a los jubilados; 3) un sendero fiscal que permite seguir creciendo sin realizar ajustes, reduciendo el déficit por la vía de una mayor actividad económica.

Esto último es un aspecto fundamental para consolidar a futuro nuestra independencia económica: es imposible crecer de manera sostenida si para financiar déficits fiscales debemos recurrir a los dueños de los excedentes financieros que, históricamente, han estado ideológicamente enfrentados a nuestras políticas.

Hoy están dadas las condiciones para seguir avanzando en la construcción de una Argentina con más producción y trabajo, con recursos naturales que, combinados con más ciencia, tecnología y educación, generen un mercado interno más potente y una estructura exportadora con mayor valor agregado. La recuperación del margen de maniobra político y técnico es el resultado de esta agenda.

Tenemos la obligación de profundizar esta dinámica con esfuerzo, sensibilidad y creatividad.

El Presidente ha renovado la invitación. Nos convoca a encontrarnos y unirnos en el ejercicio de imaginar y construir un futuro soberano e inclusivo. Frente al fatalismo, tenemos las herramientas de la educación, la ciencia y la tecnología para renovar la esperanza y apostar por un futuro marcado por nuestras prioridades. Se trata de una invitación a recrear las utopías y reafirmarnos como un pueblo de paz, convencidos de la supremacía de los derechos humanos, en los méritos que generan el esfuerzo del trabajo y la educación.

La agenda de futuro es una apuesta al diálogo, a la unión, al trabajo conjunto y al desarrollo de una agenda común. Lamentamos que un sector (sólo un sector) de la oposición se haya retirado del recinto durante la apertura del período 140° de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

El discurso del 1° de marzo está previsto en una cláusula de nuestra Constitución Nacional. Allí los presidentes y presidentas elegidos por las urnas se dirigen a la Asamblea Legislativa.

Retirarse porque el Presidente está expresando su visión sobre la deuda externa es poco democrático.

Retirarse porque sostiene que el Poder Judicial debe avanzar en la investigación, es inaceptable.

El discurso presidencial presentó grandes propuestas para el futuro de nuestro país, para construir nuevas esperanzas e ilusiones a partir del diálogo y el consenso entre diferentes sectores de la vida social y política.

Anunció también el lanzamiento de un plan de desarrollo productivo para toda la década con el objetivo de reducir consistentemente la pobreza, creando empleos de calidad y estimulando la innovación, la digitalización y la agregación de valor.

En un país desacostumbrado a la planificación a mediano y largo plazo, atrapado entre urgencias y crisis, la propuesta presidencial es un hecho novedoso y auspicioso.

Lamentamos que la discusión política se haya desviado hacia hechos banales, gestos y retiros de legisladores.

Es hora de levantar el nivel de la discusión política en nuestro país: la crisis y el sufrimiento de muchos compatriotas lo reclama de manera imperiosa.

En 2023 cumpliremos 40 años de democracia.

Debemos encontrar la forma de alcanzar ese aniversario con un contrato social revitalizado a partir del anhelo colectivo de una Argentina que deje de lado la utilización de discursos de odio, una Argentina sin violencias de género y sin reglas institucionales que amparen a quienes las ejercen, una Argentina con condiciones de igualdad tanto en las oportunidades como en los sacrificios y los beneficios de los esfuerzos compartidos.

Sabemos que no será fácil. La sociedad ha hecho un esfuerzo enorme a lo largo de estos últimos años.

El resultado de ese esfuerzo hoy ya se evidencia en una gran cantidad de indicadores económicos y sociales. Falta mucho. Pero podemos hacerlo.

Es con más trabajo y producción, con desarrollo integral. No hay atajos, no es el trabajo de un grupo reducido de personas, es una tarea colectiva.

Convocamos a profundizar este camino, a apoyar a nuestro Presidente redoblando los esfuerzos en esta tarea colectiva.

Por Grupo Callao, colectivo de mujeres y hombres con responsabilidades políticas y de gestión fundado en 2017

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