PRÓCER DE NUESTRO ROCK

David Lebón, el músico de las mil vidas, cumple 70 años

Guitarrista eximio, además de multi-instrumentista y compositor, «el Ruso» Lebón tocó con todos de verdad: Pappo, Nebbia, Charly, Spinetta, Fito. Y lo sigue haciendo en su nueva saga «Lebón & Co.» que en breve tendrá volumen 2. Más productivo que nunca, este 5 de octubre celebra su 70 cumpleaños en plena actividad.

Fuente: Télam
david Lebon

La voz de David tiene algo mágico. Cantando en español, resuena -con límpido de registro tenor- el color de un bluesman. El mismo swing florece en la yema de sus dedos sobre el diapasón de la guitarra. Su vibrato, sus cuerdas estiradas, sus pausas y silencios, son correlato de su canto, de ese fluir sensual con que él supo surfear la vida, el arte, la música.

Como guitarrista es un orfebre fino: detecta el silencio, la pausa, la respiración de la melodía (cada solo suyo es una canción en sí misma) y, por eso, cuando su nota entra, lo hace abriendo el espacio, encontrando su aura y su respiración. Pocos logran tanto en su instrumento.

Esas energías y dones lo trajeron hasta aquí, a sus siete primeras décadas con un bagaje de amores, amigos, historias, ciudades, shows, viajes y canciones.

Más allá de las bandas que lideró, el aporte de Lebón en todos los casos fue un plus clave. En Pappo’s Blues (bajo y guitarra rítmica), Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll (guitarra), Color Humano (batería y coros), Espíritu (teclados), Los gatos (voz y guitarra) sus colaboraciones con Sui Géneris, Claudio Gabis, y más acá con Enanitos Verdes, Fito Páez, Alejandro Lerner, Julia Zenko, Andrés Calamaro, Spinetta solista, Pedro Aznar –entre otros– su presencia sumó un “esmowing” (al decir publicitario del viejo comercial de ginebra) que iluminaba al resto.

Párrafo aparte merecen dos formaciones que tuvieron al “Ruso” como miembro fundacional e imprescindible: Pescado Rabioso y Serú Girán. Así, David, fue co-equiper respectivamente de los dos grandes del rock nacional. Y en esa conjunción, la sinergia desató tormentas de arte que definen lo imborrable de nuestro rock nacional.

El primer álbum solista

Sumado a todo lo anterior, el rey David fue bendecido con un don personalísimo: el instinto para la policromía vocal. Pocos como él superpusieron voces propias construyendo los acordes puros y armonías refinadas que logran esa textura leboniana, inconfundible.

Mucho de su formación musical acaso haya tenido que ver no tanto con su lugar de nacimiento, en el bonaerense Ituzaingó, sino con su temprana mudanza, en la preadolescencia, a Miami. Allí, David se formó como guitarrista y hasta integró algunos grupos cuando aun era menor de edad y debía recurrir -dice la leyenda- a artimañas para poder tocar en locales donde, por ley estadounidense, no puede permanecer un menor.

Pero ni tan siquiera todo esto alcanza para definir al hombre orquesta: bajista, baterista, tecladista, además de enorme compositor, letrista y arreglador que un día se lanzó al LP propio, titulado sencillamente con su nombre, en 1973. Allí comenzaba a afirmarse en su virtud personalísima: ser tan sutil para el rock duro como visceral para las baladas. Esa es la alquimia extraña que lo definirá en adelante.

1950-1952 ¿LOS AÑOS SAGRADOS?
Casi como una analogía local del famoso «Club de los 27» que en rock sajón nuclea a los múscos fallecidos a esa edad -Janis Joplin, Kurt Cobain, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Amy Winehouse y Brian Jones- en Argentina se ha dado un caso curioso relativo a los años en que nacieron los principales referentes del rock vernáculo.

El dato incluye, desde luego, a David Lebón, nacido en 1952, igual que Nito Mestre (3-8-52) y extremadamente cerca de León Gieco (20-11-51) Norberto «Pappo» Napolitano (10-3-50) Luis Alberto Spinetta (23-1-50) León Gieco (20-11-51) y una coincidencia particular que roza lo milagroso: Charly García (23-10-51) y Federico Moura (23-10-51): es decir, la misma fecha exacta.

Así las cosas, para los amantes de las coincidencias cuasi astrales, he aquí otro misterio argentino que involucra nada menos que a siete de los fundacionales, a su modo y en su momento, del capítulo local de la música que cambió al mundo.

Junto con Pappo y Claudio Gabis, de Manal, David Lebón es también pionero en tanto gran artífice nacional de riffs potentes, zeppelinianos, arrolladores. De esos cultivó varios en Polifemo (1976), su banda, desde donde emergió hacedor de bloques guitarrísticos, nervio y estructura de poderosos rocanroles.

Aquella banda desbordante se completaba con otros dos históricos próceres del llamado “rock nacional”: Rinaldo Rafanelli y Juan Rodríguez. Quienes, a su vez, solían completar la formación de Sui Géneris cuando el fundacional dúo se presentaba en vivo.
Acaso aquel contacto frecuente y primordial entre Charly y David (hace ya años que son amigos casi hermanos) haya sido la base para la reunión cumbre que vendría después, en la formación de una superbanda argentina.

Serú

Finalmente, cuatro potencias se saludaron, y David fue una de ellas. El encuentro con Charly trajo un capítulo deslumbrante al rock local. En él, el guitarrista, el compositor, el cantor, el letrista, el genio que frotaba la lámpara y hacía brotar una gema tras otra: Voy a mil, Cosmigonón, San Francisco y el lobo, Frecuencia modulada, Noche de perros, Cuánto tiempo más llevará, Encuentro con el diablo, Parado en el medio de la vida, Cara de velocidad, Esperando nacer.

Corría 1978 y el “Ruso” en su esplendor aportaba el soplo delicadísimo de sus voces y cuerdas sin las cuales Serú no hubiese sido lo que fue. Con García (como antes con Spinetta) se conglomeró una dupla creativa inagotable.

El tiempo es veloz

En 1980 David sacó su segundo disco solista: Nayla. Iba a ser doble, pero las discográficas rechazaron esa opción. Aún con Serú activo, apeló a sus entonces compañeros Aznar y Moro para grabarlo. Se sumaron Rinaldo Rafanelli (ex Sui Géneris) y Diego Rapoport (pianista jazzero de lujo que tocó con prácticamente todos los grandes del rock). Dos años más tarde, ya con Serú Girán separado, arrancó la seguidilla de discos propios con canciones que no dejaron nunca de fluir.

En El tiempo es veloz (1982) uno de sus LP más recordados, David volvió a hacerse cargo de todos los instrumentos en las bases. La ilustración de portada fue un regalo de su amigo Luis Alberto, que reincidió: no todos lo saben, pero el Flaco había debutado ya como ilustrador con el “payasito” de tapa del primer disco de Almendra.

Con el advenimiento de la democracia en Argentina, Lebón sacó un disco que trajo dos éxitos representativos de sus dos facetas: la balada Quiero regalarte mi amor y el furioso Rock de los chicos malos: un avance de la placa Desnuque (1984) donde “el Ruso” saldaría su deuda con el puro rocanrol que traía desde los tiempos de Polifemo. Quienes esperaban escucharlo rockear furiosamente y esas proverbiales estiradas de cuerda en medio de la velocidad, celebraron mucho este álbum.

Los ochenta siguieron con el mismo Lebón hiperproductivo, llegaron Si de algo sirve (1985) 7 × 7 (1986) Nunca te puedo alcanzar (1987) y Contactos (1989). En 1991 salió Nuevas mañanas y a partir de allí, un vasto paréntesis hasta Yo lo soñé, placa del año 2002.

El siglo XXI encontró a un Lebón en pausa musical, reaparecido luego en dos LP: Déjà vu (2009) y Encuentro supremo (2016) antes de una gloriosa reaparición para deleite de sus seguidores en la saga Lebón & Co cuyo volumen 2 está a punto de salir.

En esta secuencia, David recorre sus clásicos acompañado por distintos colegas de todas épocas, generaciones y estilos; artistas que, a su vez, fueron y son admiradores suyos, en algunos casos, amigos personales, como el propio Charly García, con quien cantan “Nos veremos otra vez”. Además, entre otros, integran esa nómina Fito Páez, Sandra Mihanovich, Fabiana Cantilo, Julieta Venegas, Andrés Calamaro, Eruca Sativa, Ricardo Mollo, Nayla Lebón, Skay Beilinson, Conociendo Rusia, Rosario Ortega, Hugo Fattoruso, Soledad, Kevin Johansen, Juanes, Diego Torres, Abel Pintos, Emmanuel Horvilleur, Pedro Aznar y Carlos Vives.

La misma multiplicidad y adhesión del “Ruso” Lebón da cuenta del afecto y valoración artística que cuenta entre colegas. Ellos y los seguidores de siempre de este artista orquesta, sin duda brindarán por él este miércoles 5, en que el enorme multi-instrumentista, compositor, poeta y cantautor cumple sus 70 vueltas al sol.

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